Monday, May 07, 2007

No entenderías.

Tú no entenderías.
Ella siempre guarda silencio cuando la toco, mientras la beso, la acaricio, cuando la miro.

No es difícil acordarme de tus ojos, aunque no los vea hace ya 3 años. Siguen existiendo al otro lado de mi ventana, antes de que toques la puerta, antes de que te gires sobre la almohada para preguntar si ya es de mañana. No es difícil acordarme de tus ojos.

No dejo de pronunciar tu nombre envés del suyo, ni de maniobrar sus piernas como a ti te gusta. Ella se cansa de decirme, yo me canso.

Abro sus piernas, corro sus medias, y sería. Abro tus piernas, corro tus medias.
Con cuidado te abrazo, la abrazo.
Con cuidado, me dices, me dice.
Ella guarda silencio, tú en cambio.

Tú no estas hace 3 años, no guardas silencio, no abres tus piernas, no abro tus piernas. Tú no estas hace 3 años.

Tuesday, February 06, 2007

En pecados sumergido.

Canta al hombre su mano y su sonrisa
Descansa a su lado sin cuesta ni alegría.
Sobra al hombre una gota en dedos, uñas recogidas
Sin desgracia ni fatiga, ni apetito ni apatía.

Sobre mi pie descalzo brilla tu saliva inquieta
En gritos coronada sobre lengua y en cintura.
Cae sobre mis manos en tu aventura mi silueta
Letras desfiguradas, pálidas y exquisitas.

Encarna al cáncer, individuo enajenado
Escondido al hombre, placer, haber habido.
Corren canciones, en perdones presenciados
Corre al himno, ermitaño y retraído.

En tus palmas mis palmas
Cae al velo sobre tus costillas
En tus dedos mis caricias, sometidas
Como al hombre sabe, como sabe la desdicha.

Tuesday, June 27, 2006

Desperté.

Hipnotizado por flautas y trompetas, me vi. En medio de una calle tras luces provocadas, sentí. Escapando de la vereda y del aliento a muerto, corrí. Arrastrando al rostro triste coronado, salí. Camine angustiado inquieto y desmembrado, huí. Me aventé por la ventana de un cuerpo enajenado, miré. Encandilado en luces y gritos transparentes, creí. Cientos de mujeres con senos y vestidos, toqué. Miedos y caricias del farol enardecido, oí. Que el brote fue feliz de un nacer sofocado, negué. Mis piernas cual hombre de reír dominado, pedí. Y mientras respiró al ave un humo enamorado, caí.

Friday, March 24, 2006

Cantos al mortal.

Quien sabe si encuentres consuelo en lagrimas de tinta, o en saladas gotas derramadas.
O quizás el tacto frío te sumerja en el ahogo, y la emoción perdida descanse en la tranquilidad de tu pecho, tras silenciar la pena con abrazos y voces blancas.
Y si él nace en tus heridas, entonces no tendrá otra vida. Pues sella tus llagas y ahorca tus venas, si deseas que el cuerpo se vuelva cuerpo, mas no un cirio extinguible.
Cierra los ojos y calla, sin exclamar grito alguno al viento,

Cierra los ojos, quien sabe si el viento te juzgue.

Thursday, December 22, 2005

Vientre enmohecido.

El sexo me arde y el sudor me ciega,
Mis orgasmos cautivan a las rosas
Mis montes desaparecen y mis crepúsculos se vuelven visibles.
Si la noche cayera sobre el feto escondido
Vería pues mi vagína, observaría mis gónadas angustiadas
Sombría agonía del ente inocente
El cuerpo inmaculado desesperado e inquieto
La necesidad de identidad fortuita, el deseo a copular
La danza eterna sobre el líquido cálido
¿Es acaso el dolor más grande que el cariño,
Y el acto más poderoso que el ser?
No puedo, embargo mi cuerpo neutro
Sin esperanza alguna de decaer en el antro del humano
La dualidad impuesta, el escalofriante sendero al nacer.
Soy y seguiré siendo, fui y volveré a ser.

Wednesday, September 07, 2005

Corazón extraviado.

Mi corazón descansa en el departamento de las cosas perdidas. Entre él círculo vicioso de un vicio y las fronteras con la identidad escondida. Mientras vago por tu silueta buscando mi amor y mi odio, repentinamente distingo los ojos de un bebe extraviado, arrancado del vientre maternal que lo cobijo en verano. Hoy mi otoño florece entre tus piernas, y decaen las hojas de la moral y la decencia. El viento frió y bizarro habla a mi oído. Volví rápidamente por tu cintura, creí escapar entonces de ese consuelo, mas no podía. Subí hasta tu cabellera y me perdí entre los hilos de tu cráneo. Penetre en tu cerebro y me uní a tus recuerdos.
Buenas tardes don Miguel – Me dijo el guía turístico de “Lóbulos y Cerebelos S.A.”. – ¿Desea usted acompañarme mientras recorremos el lóbulo occipital?
Busco mi corazón – Le respondí al insípido ser de extremidades perdidas y amorfa expresión. – ¿No lo ha visto usted por casualidad?
Mmm – Pensó el hombre en voz alta mientras su cabeza giraba a 1000 rps. – Si me lo describiera por favor seria más fácil mi tarea.
Es rojo, con venas azules y blancas, algo de grasa creo, -Luego vacile en seguir hablando por miedo a la vergüenza, mas mi nostalgia superó mi conciencia. – Contiene un amor obsesionado y un odio vengativo, ambos sentimientos son verdes con motas amarillas y blancas.
El ser volvió a girar su cabeza rápidamente.
No, lo lamento – Respondió con algo de pena. – ¿Porque no mejor busca en el departamento de cosas perdidas?
En ese momento tu cuerpo me expulso de tu cerebro y volví a tus cabellos.
¡Devuélveme mi amor! – Exclame angustiado.
Entonces, decido a escapar del vapor de tu mirada y escabullirme hasta el lugar donde posiblemente encontraría mi razón, me cubrí de sangre, y volví a entrar al interior de tu cráneo. Con suavidad me inmiscuí entre tus nervios y más de alguna ves tropecé con tus neuronas, pero luego de un arduo caminar arribé al destino esperado.
Un gran letrero de neon en la puerta de terciopelo anaranjado indicaba: “Departamento de las Cosas Perdidas”.

Al acercarme leí en la puerta un papel qué señalaba: “Preguntar por Dios”.

Saturday, August 20, 2005

Almas opuestas.

Colgó el teléfono sin pensar. Quizás había terminado, que mierda importaba.
Abrió la puerta y salió al balcón. Un cigarro nació de su mano, lo prendió, se puso los audífonos del discman.
“Eres algo más que solo una voz, que una caricia” no podía convencerse de eso por más que se lo repetía. La voz subliminal del cantante le decía: Corre hasta encontrarla, mátala lentamente, te la debe.
El nombre de ella resonaba en las paredes de su cerebro. Algo golpeo su cabello con fuerza y sintió que una ráfaga de frió recorría su cráneo. Observo el horizonte nublado y como lentamente los cuerpos comenzaban a penetrar las casa, almas guardadas dentro de la gaveta de Dios (al lado de sus calcetines, arriba de las camisetas, descansaba el alma de ella).
Que más querí hueona si te di mi vida.
Dame tu alma que tu vida solo sirve hasta que tu cuerpo expire.
No puedo, no me pertenece.

Colgó el teléfono sin pensar. Quizás había comenzado, que mierda importaba.
Cerro la puerta tras el balcón. Una hoja de gillette penetró en su mano, la cerro por el dolor, sangrando sobre el discman en el escritorio.
“No eres más que solo una voz, que una caricia”, se repetía en sus adentros por más que se tapaba los oídos. Su conciencia callaba dentro del mar de pensamientos: Descansa, ella no volverá, déjala volar hasta morir, fue y será tuya.
El nombre de ella se borraba lentamente de su memoria. El sol golpeó su cráneo, un ardor recorrió sus sentidos, el techo blanco, profundo, de esta cárcel malhabida. Las almas infantes nadaban libres y putas. Dios observaba con cautela como el alma de ella volvía a su cuerpo.
Que más querí hueona si te di mi alma.
Dame tu vida que tu alma solo sirve hasta que tu amor cese.
No puedo, no quiero.

El teléfono sonó como por quinta vez.
Alo, ¿está Antonio?
No.
¿No sabí donde esta?
Lo tan velando en la iglesia de San Martín.
Colgó el teléfono sin pensar. Quizás...