Wednesday, September 07, 2005

Corazón extraviado.

Mi corazón descansa en el departamento de las cosas perdidas. Entre él círculo vicioso de un vicio y las fronteras con la identidad escondida. Mientras vago por tu silueta buscando mi amor y mi odio, repentinamente distingo los ojos de un bebe extraviado, arrancado del vientre maternal que lo cobijo en verano. Hoy mi otoño florece entre tus piernas, y decaen las hojas de la moral y la decencia. El viento frió y bizarro habla a mi oído. Volví rápidamente por tu cintura, creí escapar entonces de ese consuelo, mas no podía. Subí hasta tu cabellera y me perdí entre los hilos de tu cráneo. Penetre en tu cerebro y me uní a tus recuerdos.
Buenas tardes don Miguel – Me dijo el guía turístico de “Lóbulos y Cerebelos S.A.”. – ¿Desea usted acompañarme mientras recorremos el lóbulo occipital?
Busco mi corazón – Le respondí al insípido ser de extremidades perdidas y amorfa expresión. – ¿No lo ha visto usted por casualidad?
Mmm – Pensó el hombre en voz alta mientras su cabeza giraba a 1000 rps. – Si me lo describiera por favor seria más fácil mi tarea.
Es rojo, con venas azules y blancas, algo de grasa creo, -Luego vacile en seguir hablando por miedo a la vergüenza, mas mi nostalgia superó mi conciencia. – Contiene un amor obsesionado y un odio vengativo, ambos sentimientos son verdes con motas amarillas y blancas.
El ser volvió a girar su cabeza rápidamente.
No, lo lamento – Respondió con algo de pena. – ¿Porque no mejor busca en el departamento de cosas perdidas?
En ese momento tu cuerpo me expulso de tu cerebro y volví a tus cabellos.
¡Devuélveme mi amor! – Exclame angustiado.
Entonces, decido a escapar del vapor de tu mirada y escabullirme hasta el lugar donde posiblemente encontraría mi razón, me cubrí de sangre, y volví a entrar al interior de tu cráneo. Con suavidad me inmiscuí entre tus nervios y más de alguna ves tropecé con tus neuronas, pero luego de un arduo caminar arribé al destino esperado.
Un gran letrero de neon en la puerta de terciopelo anaranjado indicaba: “Departamento de las Cosas Perdidas”.

Al acercarme leí en la puerta un papel qué señalaba: “Preguntar por Dios”.