Desperté.
Hipnotizado por flautas y trompetas, me vi. En medio de una calle tras luces provocadas, sentí. Escapando de la vereda y del aliento a muerto, corrí. Arrastrando al rostro triste coronado, salí. Camine angustiado inquieto y desmembrado, huí. Me aventé por la ventana de un cuerpo enajenado, miré. Encandilado en luces y gritos transparentes, creí. Cientos de mujeres con senos y vestidos, toqué. Miedos y caricias del farol enardecido, oí. Que el brote fue feliz de un nacer sofocado, negué. Mis piernas cual hombre de reír dominado, pedí. Y mientras respiró al ave un humo enamorado, caí.
