Saturday, August 20, 2005

Almas opuestas.

Colgó el teléfono sin pensar. Quizás había terminado, que mierda importaba.
Abrió la puerta y salió al balcón. Un cigarro nació de su mano, lo prendió, se puso los audífonos del discman.
“Eres algo más que solo una voz, que una caricia” no podía convencerse de eso por más que se lo repetía. La voz subliminal del cantante le decía: Corre hasta encontrarla, mátala lentamente, te la debe.
El nombre de ella resonaba en las paredes de su cerebro. Algo golpeo su cabello con fuerza y sintió que una ráfaga de frió recorría su cráneo. Observo el horizonte nublado y como lentamente los cuerpos comenzaban a penetrar las casa, almas guardadas dentro de la gaveta de Dios (al lado de sus calcetines, arriba de las camisetas, descansaba el alma de ella).
Que más querí hueona si te di mi vida.
Dame tu alma que tu vida solo sirve hasta que tu cuerpo expire.
No puedo, no me pertenece.

Colgó el teléfono sin pensar. Quizás había comenzado, que mierda importaba.
Cerro la puerta tras el balcón. Una hoja de gillette penetró en su mano, la cerro por el dolor, sangrando sobre el discman en el escritorio.
“No eres más que solo una voz, que una caricia”, se repetía en sus adentros por más que se tapaba los oídos. Su conciencia callaba dentro del mar de pensamientos: Descansa, ella no volverá, déjala volar hasta morir, fue y será tuya.
El nombre de ella se borraba lentamente de su memoria. El sol golpeó su cráneo, un ardor recorrió sus sentidos, el techo blanco, profundo, de esta cárcel malhabida. Las almas infantes nadaban libres y putas. Dios observaba con cautela como el alma de ella volvía a su cuerpo.
Que más querí hueona si te di mi alma.
Dame tu vida que tu alma solo sirve hasta que tu amor cese.
No puedo, no quiero.

El teléfono sonó como por quinta vez.
Alo, ¿está Antonio?
No.
¿No sabí donde esta?
Lo tan velando en la iglesia de San Martín.
Colgó el teléfono sin pensar. Quizás...

Wednesday, August 17, 2005

Infante creciente.

En este pequeño planeta al que llamo vida se mueve una nube de sentimientos y sensaciones que nadie podrá nunca llegar a definir. Es un oscuro pasar de alegrías, una tosca neblina de invertebradas caricias y recomendables llantos. Es un mundo, una desgracia obsoleta y sistemática, una técnica sonrisa practicada por generaciones de elementos y partículas creativas. El planeta del que hablo posee un par o más de extremidades inexistentes, satélites entrometidos que cuestionan todo lo que ocurre sin preguntarse asimismo cuan azul podrían llegar a ponerse, o cuan rosa son sus pómulos enajenados. En cambio se preocupan de la luz, del porque se vislumbra un camino en ves de una colina, porque crecen los dedos si tan solo hacen daño, porque se cortan los cabellos flácidos del viento sobre el campo virgen. Aparecen los recuerdos con formas aéreas, se sumergen en esta nube de supuesta psicología, y se entregan a la interpretación de la lluvia, al decaimiento del líquido sobre la fertilidad masculina. Crecen las semillas flageladas, deprimidas en la piel rocosa, por primera ves húmeda, entregada a un ambiente de sexos irreverentes y actitudes sofocantes, las sequías llegaran algún día, pero hoy no hay de que preocuparse, el cielo ya no es gris, la nube cubre otros paramos al norte, cerca de los puentes lisos y las quebradas acorazadas. Los ojos se abren para provocar cansancio. El grito de vida advierte a todos el nacimiento de órganos. El sentir, que alguna vez condensado amenazo con extinguir la infancia, hoy da vida a la adultez. El silencio se rompe, las cuerdas nacen de refugios subterráneos, los volcanes se asoman y los recuerdos pueblan la piel, con traumas y sombras frondosas, la emoción se vuelve altanera y el sentimiento, un tímido cedazo que prefiere ser juzgado. El llanto cesa, el astro lo calla.